
La piel de codos y rodillas es la “cenicienta” de nuestro cuidado corporal. Sometida al constante roce y fricción de la ropa y de las superficies, se engrosa mucho más que la del resto del cuerpo, y por tanto se reseca y se pone muy áspera.
Por lógica, el invierno es la época del año en la que nuestros codos y rodillas peor lucen. Por lo tanto, aprendamos a cuidarlos para que lleguen al próximo verano en condiciones inmejorables.
La utilización de una esponja vegetal o guante de crin en la ducha diaria logrará un efecto de suave exfoliación, que progresivamente ayudará a que codos y rodillas se suavicen. Hay que realizar el masaje con movimientos circulares, y tener la constancia de hacerlo a diario. Con el tiempo, es el mejor remedio para una piel luminosa.


