
Nuestro atuendo y maquillaje pueden ser perfectos, pero si nuestro rostro denota cansancio, nos vemos fatales. Además de las ojeras – que serán motivo de otra entrada – los ojos irritados son un signo inequívoco de que estamos agotadas.
Ya sea porque nuestra actividad demanda que permanezcamos muchas horas frente al ordenador o leyendo, o simplemente porque nos faltan horas de sueño, lo cierto es que el enrojecimiento se roba todo el brillo de nuestra mirada. Un ambiente lleno de humo o el cloro de una pisicina tampoco ayudan.
Si no tenemos un colirio a mano, hay algunos trucos caseros. Si es un problema persistente, hay que consultar al oftalmólogo para que nos recete algo específico.
