
La base de maquillaje es quizá el paso más importante de todo el proceso, pues de alguna manera “construimos” un segundo cutis que permita que el primero – el verdadero – luzca en todo su esplendor. Para que esto ocurra, hay que tener en cuenta algunas cuestiones.
La base de maquillaje puede ser compacta, líquida o en crema. La compacta y la cremosa son más pesadas en su estructura en tanto que las líquidas son más livianas. Cada una, le sienta mejor a diferentes pieles.
Es fundamental elegir el tipo de base que mejor nos siente. Las pieles secas, jamás deben inclinarse por una base en polvo, que la resecará aún más. Lo ideal es elegir una cremosa o fluida, pero con propiedades hidratantes e incluso pantalla UV. Las pieles grasas, en cambio, deben huir de las cremosas, y optar por una fluida pero completamente oil free.
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