
La toxina botulínica se convirtió en el arma más generalizada para la lucha contra las arrugas, ya que logra “planchar” los pliegues de la piel al paralizar los músculos faciales.
Pero el boom del botox fue tal que muchas mujeres se volvieron verdaderas fanáticas de la sustancia. Y así fue como recurrieron en exceso a las inyecciones faciales de botox, logrando acartonar demasiado sus facciones, y consiguiendo un resultado artificial, que a nadie queda bien.
Uno de los ejemplos de este exceso de botox es Nicole Kidman, quien endureció sus angelicales facciones a fuerza de colocar más y más toxina. Nicole se ha unido al cada vez más nutrido grupo de celebridades arrepentidas del uso masivo de la toxina y asegura que no volverá a inyectársela.
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