
Se acerca el verano y todas queremos tener unos pies encantadores para que las sandalias nos queden perfectas. Pero a veces el calzado cerrado del invierno y la falta de cuidados de los pies hacen que nos encontremos con resequedad, dureza y un aspecto de pies dañados.
Para recuperar los pies, en principio es útil la vieja piedra pómez en la ducha o en su defecto una esponja vegetal, que con masajes suaves removerá las células muertas y las capas de piel endurecida. Luego, puedes probar algunos exfoliantes caseros para pies.
Mezclando un poco de jugo de limón con sal gruesa, tendrás suficiente para masajear talones y plantas de los pies, con el fin de suavizar la piel. Otra opción es colocar un poco de sal a una cebolla para que sude, y aplicar el jugo que desprenda con un algodón, dejando actuar por un rato. La infusión de menta, aplicada directamente con una gasa, es una alternativa más suave para pieles sensibles.
