
La base de maquillaje es quizá el paso más importante de todo el proceso, pues de alguna manera “construimos” un segundo cutis que permita que el primero – el verdadero – luzca en todo su esplendor. Para que esto ocurra, hay que tener en cuenta algunas cuestiones.
La base de maquillaje puede ser compacta, líquida o en crema. La compacta y la cremosa son más pesadas en su estructura en tanto que las líquidas son más livianas. Cada una, le sienta mejor a diferentes pieles.
Es fundamental elegir el tipo de base que mejor nos siente. Las pieles secas, jamás deben inclinarse por una base en polvo, que la resecará aún más. Lo ideal es elegir una cremosa o fluida, pero con propiedades hidratantes e incluso pantalla UV. Las pieles grasas, en cambio, deben huir de las cremosas, y optar por una fluida pero completamente oil free.
Luego hay que elegir el color adecuado. Para ello, podemos elegir tres tonos y colocar un poco de cada uno en la frente. La que se diluya perfectamente con el color natural de la piel, es la indicada.
También hay que tener en cuenta que el acabado de las diferentes bases son diferentes, y por ello algunas son mejores para el día – generalmente las más livianas – y otras para la noche – más cubritivas y con efectos de brillos, por ejemplo –.
Asesórate por la vendedora o consultora antes de comprar, y tómate tu tiempo para encontrar la que mejor vaya contigo.
Vía: Guapadicta
